Así que después de tanto tiempo, como creíste que pasaría, regreso sangrando a tu lado.
Llorando en silencio y sin nada en los ojos.
Sólo tú sabes que aprendí a llorar hacía adentro.
Reír hacía adentro también lo hago bien, pero reír es algo de que aún me gusta dar señal cuando es necesario
y cuando no hay fuerza,
y cuando no gana,
y cuando es más fuerte mi cascada lagrimal interior que ahoga mi risa,
entonces, se acaba.
Salen burbujas en forma de chispa de la comisura de mis labios y a veces, solo a veces, me noto ruborizar.
Me avergüenzo.
Siempre vuelvo.
Vuelvo a esconderme cual niña asustada y prometo jamas salir;
prometo que no hay nadie más en mi mundo de arena y sal;
en mis dedos de azúcar y mis litros de agua;
en mi falta de fuerza y odio hacia todo y todos por igual (no queremos discriminar).
(Te odio a ti bonita, te odio a ti fea [sabes muy bien, que no puedo diferenciar: yo siempre soy la fea, y ellas, oh ellas, son todas hermosas, odiosamente hermosas]; te odio médico y te odio familiar; te odio desconocido, te odio reflejo...)
Me has dicho entonces, por fin la verdad. Y la verdad es que siempre me dices la verdad.
Pero yo siempre me fijo demasiado en la puntuación y la palabra.
¿es que acaso soy muy exacta con mis preguntas? ¿O tú muy mal escucha?
Uno no procesa tanto lo que contesta, dicen. Pero es que yo tardo años
(años en mi cabeza, en mi mundo)
en contestar una pregunta, para así poder encontrar las palabras correctas, que expresen lo que digo exactamente en lo que exactamente quiero decir.
Ni una más ni una menos.
Que mida, que cuente milimétricamente lo que siento.
Y sabes que los números me están volviendo loca.
Pero es mi problema con las malditas palabras.
Debería dejar de esculcar las palabras de otros.
Ellos no son como yo.
(¿O acaso si lo son?)
Los "muy", "demasiado", "suficiente", son mi problema.
Pensándolo mejor, todo en un problema.
"Amor", "Molesto", "Enojado", "Triste", "Deprimido", "Estoy", "Soy"...
Y la lista va seguir creciendo, asi que mejor me detengo, porque no queremos escribir el diccionario...
(¿Queremos?)
porque ya no sé quien soy yo, ni porqué estoy aquí; ni porque ya no quiero vivir, ni porque me da miedo todo y me duelen las palabras indoloras hechas de verdad.
Hechas de cuerpo imperfecto.
De mi dudosa capacidad mental, que si bien, se encuentra retorcida, a veces no lo está tanto: cómo cuando por las noches estamos en auto bajo el cielo gris, que se hace negro.
Y siento que me estoy muriendo, porque se la han tragado, los monstruos negros y esponjosos en el cielo se la han tragado...
Ahora ya no son mountros negros y esponjosos que viven en mi cabeza... ahora son monstruos reales que dicen: muy pequeños, DEMASIADO PEQUEÑOS, ¡¡¡DEMASIADO PEQUEÑOS!!!
Una razón para no querer ser más. Ya no quiero ser. Pero al no ser: No existo.
Tienes razón: Ya no quiero existir
Llorando en silencio y sin nada en los ojos.
Sólo tú sabes que aprendí a llorar hacía adentro.
Reír hacía adentro también lo hago bien, pero reír es algo de que aún me gusta dar señal cuando es necesario
y cuando no hay fuerza,
y cuando no gana,
y cuando es más fuerte mi cascada lagrimal interior que ahoga mi risa,
entonces, se acaba.
Salen burbujas en forma de chispa de la comisura de mis labios y a veces, solo a veces, me noto ruborizar.
Me avergüenzo.
Siempre vuelvo.
Vuelvo a esconderme cual niña asustada y prometo jamas salir;
prometo que no hay nadie más en mi mundo de arena y sal;
en mis dedos de azúcar y mis litros de agua;
en mi falta de fuerza y odio hacia todo y todos por igual (no queremos discriminar).
(Te odio a ti bonita, te odio a ti fea [sabes muy bien, que no puedo diferenciar: yo siempre soy la fea, y ellas, oh ellas, son todas hermosas, odiosamente hermosas]; te odio médico y te odio familiar; te odio desconocido, te odio reflejo...)
Me has dicho entonces, por fin la verdad. Y la verdad es que siempre me dices la verdad.
Pero yo siempre me fijo demasiado en la puntuación y la palabra.
¿es que acaso soy muy exacta con mis preguntas? ¿O tú muy mal escucha?
Uno no procesa tanto lo que contesta, dicen. Pero es que yo tardo años
(años en mi cabeza, en mi mundo)
en contestar una pregunta, para así poder encontrar las palabras correctas, que expresen lo que digo exactamente en lo que exactamente quiero decir.
Ni una más ni una menos.
Que mida, que cuente milimétricamente lo que siento.
Y sabes que los números me están volviendo loca.
Pero es mi problema con las malditas palabras.
Debería dejar de esculcar las palabras de otros.
Ellos no son como yo.
(¿O acaso si lo son?)
Los "muy", "demasiado", "suficiente", son mi problema.
Pensándolo mejor, todo en un problema.
"Amor", "Molesto", "Enojado", "Triste", "Deprimido", "Estoy", "Soy"...
Y la lista va seguir creciendo, asi que mejor me detengo, porque no queremos escribir el diccionario...
(¿Queremos?)
porque ya no sé quien soy yo, ni porqué estoy aquí; ni porque ya no quiero vivir, ni porque me da miedo todo y me duelen las palabras indoloras hechas de verdad.
Hechas de cuerpo imperfecto.
De mi dudosa capacidad mental, que si bien, se encuentra retorcida, a veces no lo está tanto: cómo cuando por las noches estamos en auto bajo el cielo gris, que se hace negro.
Y siento que me estoy muriendo, porque se la han tragado, los monstruos negros y esponjosos en el cielo se la han tragado...
Ahora ya no son mountros negros y esponjosos que viven en mi cabeza... ahora son monstruos reales que dicen: muy pequeños, DEMASIADO PEQUEÑOS, ¡¡¡DEMASIADO PEQUEÑOS!!!
Una razón para no querer ser más. Ya no quiero ser. Pero al no ser: No existo.
Tienes razón: Ya no quiero existir
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