Fue en ese momento en el que me di cuenta de ello, ese día que se quedó quieto como estatua y no dijo nada durante horas.
Dice que no esta desconfiando, pero siento su mirada sobre mi hombro en el bar.
Si no sigo la rutina, siento como me sangran los oídos, al compás de sus uñas contra el pizarrón.
Creo haber escuchado sus pensamientos mientras me escupía, tiene la manía de preguntarse y comparar, las situaciones a su alrededor, y cómo es que hoy esto pero no aquello.
Me ha dicho que quería compartir la cama y luego me dijo adiós.
Me estoy cansando de buscarle y me asusta su silueta en mi pared.
¿Es miedo?
¿Es soledad?
¿Es desconfianza?
¿Es que ha llegado el amanecer cuando estuve fuera de casa?
Es tan necesitado. Es tan raro.
¿Cómo me metí en esto?
...
Confía en mí, nunca has soñado poder gritar
y te enfureces, es horrible el miedo incontenible.
Entonces, ven, dame un pedazo,
no te conozco cuando dices qué felices,
qué caras más tristes,
qué caras más tristes.
Ella sabe y presiente que algo ha cambiado,
dónde estás, no te veo, es mejor,
ya lo entiendo, ahora ya no me lamento,
no sigo detrás, ¿para qué?
Si cada vez que vienes me convences,
me abrazas y me hablas de los dos.
Y yo siento que no voy,
que el equilibrio es imposible cuando vienes
y me hablas de nosotros dos.
No te diré que no,
yo te sigo porque creo que en el fondo hay algo.
Ella no me imagina cazando en los bares,
viviendo deprisa, ¿para qué?, ¿para qué?
Si cada vez que vienes me convences,
me abrazas y me hablas de los dos.
Y yo siento que no voy,
que el equilibrio es imposible cuando vienes
y me hablas de nosotros dos.
No te diré que no,
yo te sigo porque creo que en el fondo hay algo,
yo te sigo porque creo que en el fondo hay algo.
Confía en mí, nunca has soñado poder gritar
y te enfureces, es horrible el miedo incontenible.
Entonces, ven, dame un abrazo,
no te conozco cuando dices qué felices,
qué caras más tristes...

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